Intrusos: En El Castillo

—Somos... intrusos —dijo Leo, con la honestidad de quien no sabe mentir.

Se pegaron a la pared. Era el conde Humberto, apoyado en un bastón, con una bata de seda raída y una linterna en la otra mano. Parecía más cansado que feroz. Intrusos en el castillo

El conde levantó la mano temblorosa.

—El libro de la biblioteca decía: "Donde el reloj da trece campanadas, el corazón del conde duerme en un cofre de ébano" —respondió Sofía, revisando un mapa amarillento. Era su plan: robar el legendario Corazón de Ébano, una joya que, según los rumores, concedía un deseo a quien la poseyera. Ellos querían salvar el pequeño hospital de Vallefrío, que iban a cerrar por falta de dinero. —Somos